Tuesday, June 16, 2026

La Guaguita

 

La Guaguita (con respeto a Rene Marques)

Monica Perez Nevarez


"Los bisabuelos tenían una carreta. Los abuelos una calesa. Los padres tenían un coche Americano. Y hoy los hijos tenemos una guaguita."

Había una casita. No era grande ni pretendía serlo. Simple, pero bonita. Paredes de bloque, techo de zinc encima de madera, que cantaba con la lluvia, un balcón con tres sillas, un portón de madera pintado azul celeste, como el de nuestra bandera - desteñido por el sol, como todas las cosas que trabajan a la intemperie. 

Fernando R. Marqués la construyó y murió en ella, de tanto trabajar. Es la manera discreta en que algunos soñadores se despiden: trabajando hasta que el cuerpo dice basta, el médico dice lo siento, y el gobierno se burla tras bastidores.

La viuda se llama Gabriela. Cose ropa ajena para ganar dinero. Cose con la misma precisión con la cual siembra: sin desperdicio, sin pretensión, con un pundonor que no necesita audiencia.

El hijo se llamaba Luis, y soñaba con diseñar un juego virtual y hacerse millonario; su hermana Juanita soñaba con ser modista de alta alcurnia. 

Vivían en un lote de una cuerda de terreno a las afueras de Adjuntas, que era el mundo entero para ellos. Donde crecían plátanos y guineos, yuca, yautía, ñame, batata, lerén y calabaza. Una hilera de lechuga a la sombra de un árbol que sobrevivía el verano por pura obstinación. Habichuelas. Hierbas para sazonar. Limones verdes y amarillos. Chinas y toronjas. Parcha, papaya y guayaba. Piña, mangó y un palo miniatura de aguacates. Un cuadro de composta que olía a futuro nacido en abono. Gallinas que ponían huevos con regularidad y patos que ponían huevos enormes que vendían a $9 la docena. Dos cabras lecheras que daban crema tan rica que se convertía en el queso de la casa. Y al lado de la casa, recostados a un ángulo de 15 grados, tres paneles solares en el piso junto a un tanque de captación de agua de lluvia, instalados en un closet, sabiendo que se podían cerrar las puertas durante emergencias. No querían tener que depender del gobierno para conseguir ayuda.

Su autosuficiencia les daba casi todo lo que necesitaban. Y lo demás lo hallaban en sus vecinos y su comunidad, de mutuo acuerdo. Aunque no tenían mucho, tenían la capacidad de decirle al mundo: nosotros vivimos aquí.

Luis tenía ambiciones de escapar de la miseria que veía cuando se comparaba con sus compinches de San Juan, sin darse cuenta de que la miseria que sentía y la miseria que buscaba eran primas hermanas.

Luis miraba la casita y veía atraso. Miraba las cabras y veía vergüenza. Miraba los plátanos y veía lo que le faltaba: una oficina con aire acondicionado, un sueldo con números en la pantalla, un futuro que se pareciera a los que salen en las telenovelas que tanto le gustaban a su mamá. 

"Aquí no hay salida", decía Luis. "En San Juan es donde se vive de verdad," repetía.

Juanita es joven, con una belleza que brilla desde adentro sin delatarse. Juanita había decidido, con la certeza absoluta de sus diecinueve años, que el problema era su nombre. Que Juanita era pueblo, era campo, era pasado. Que en la ciudad ella se llamaría Shakira.

"Shakira es quien quiero ser, mamá", decía Juanita, practicando el nombre en el espejo como quien ensaya un papel ya escrito. 

Y Gabriela, oyéndolos, callaba. O respondía con lo único que sabía hacer cuando las palabras no le alcanzaban: coser en silencio. No podía olvidar que durante más de un año, había resistido lo que el gobierno llama proceso de consulta ciudadana, y que ella sólo reconocía como un asalto. Había asistido a las vistas. Había recogido firmas. Había organizado vecinos. Había hablado con representantes que asintieron con cuidado y no volvieron a dar la cara. Presentó objeciones formales, y el gobierno le respondió con enmiendas al reglamento que las convertían en papel mojado. Los terrenos se reclasificaron de zona agrícola a zona de desarrollo estratégico. Los desarrolladores tienen vínculos que no aparecen en ningún documento oficial, pero que todos en el pueblo conocian como amigos del alcalde. 

La carta final le llegó un lunes - tres párrafos en lenguaje técnico que dicen que la decisión estaba tomada a favor de los desarrolladores, para bien del pueblo de Puerto Rico. Gabriela la leyó dos veces. La dobló. La guardó en la misma caja donde guarda la foto de boda con Fernando. Y siguió cosiendo.

Ese viernes cargaron todo en una guaguita que intercambiaron por los paneles solares con un vecino. Colchones atados al techo con soga. La máquina de coser de Gabriela, envuelta en una sábana vieja. Tres cajas de ropa y dos de utensilios de cocina. Y amorosamente guardada, una bolsita con sobrecitos de semillas que Gabriela tomó en silencio del jardín, sin que nadie la viera ni le preguntara para qué, porque sus hijos no estaban pensando en semillas cuando partían tan felices para la aventura de vivir en la ciudad.

Las cabras, las gallinas y los patos se vendieron. Los paneles solares siguieron captando el sol en casa vecina. Con la guaguita llena, manejaba Luis, ilusionado, pensando que conocer el destino era lo mismo que conocer la ruta.

San Juan

"San Juan nos recibió como recibe a todos: con tráfico, ruido e indiferencia."

En esta ciudad compacta, cara, hermosa y cruel, no existe el eslabón entre no-tener-nada y tener-algo. Para alquilar necesitas trabajo, para el trabajo necesitas pala, para la pala necesitas conocer gente, y el círculo gira y gira como un trompo sobre la mesa de otro.

Durmieron sentados en la guaguita tres semanas. Luego estuvieron en casa de una prima que los aguantó lo que pudo. Luego fueron a un residencial público en Bayamón - con pasillos oscuros, pintura descascarada, y olor a abandono. Gabriela caminaba por esos pasillos como quien reconoce una pesadilla anciana: en los zurcidos repetidos de las mismas piezas gastadas que cosía, en los bordes deshilachados de vidas que no podían salir pa’lante.

"Aquí no entra el sol", dijo Gabriela un día, "...ni una brisita siquiera", mirando por la ventana que daba al muro del edificio hermano.

Luis buscó trabajo con la energía desesperada de quien no puede permitir la derrota. Iba de oficina en oficina pidiendo hablar con el administrador. Le pedían experiencia. Le pedían referencias. Le pedían un perfil en LinkedIn con foto profesional y palabras en inglés que sonaban a progreso, pero las cuales él no sabía escribir.

Juanita, que ya firmaba todo como Shakira, con una S grande y ambiciosa, solicitó trabajo en talleres de diseñadores de ropa primero; luego en tiendas de ropa, después en restaurantes, en oficinas, en almacenes al por mayor. Le dijeron que no tenía la “vibra” que buscaban. O que no tenían trabajo. O que la llamarían. Pero  nadie la llamó.

Fue Luis quien dijo, una noche calurosa, mirando el techo de la sala: "Nueva Yol".

Y las dos mujeres, con un agotamiento absoluto, dijeron que sí.

Nueva Yol

"Nueva Yol es un espejismo hecho de ilusiones malentendidas."

La ciudad desde afuera brilla con una generosidad que no existe adentro. Los rascacielos reflejan el cielo y a quienes los miran, pero no los dejan entrar. El anillo prometido gira en lo alto - lo ven todos, pero no lo alcanza nadie que llegue como llegaron ellos: con doscientos dólares, un colchón inflable, y la esperanza mal doblada en el bolsillo trasero.

Luis consiguió trabajo limpiando cristales en Midtown, viendo por la ventana que se servían platos de doscientos dólares en un restaurante - el equivalente a lo que él ganaba en una semana, y se tragaba la injusticia. Trabajaba bien. Lo hacía con una rapidez silenciosa que aprendió inconscientemente de su padre. Pero igual que su padre, no echaba pa’lante.

Una noche, cruzando una calle vacía en Bajo Manhattan luego de salir de una limpieza nocturna, un vehículo dobló la esquina a una velocidad que no admite errores. El conductor no vio la figura vestida de negro cruzando la calle. No frenó, ni se detuvo después del atropello siquiera. La ciudad absorbió el golpe sordo como absorbe todo: sin pausa y sin duelo. Sin alterar el ritmo de sus once millones de vidas que seguían hacia adelante, dejando atrás el cuerpo sin vida de Luis.

Unas semanas más tarde, Juanita, ebria y adolorida, salió de un edificio en el Bronx donde un hombre le había prometido un futuro que no era suyo. Salió desnuda, llevando su camisa rota en la mano, dos puñetazos en la cara, y sangrando por una herida ultrajante debajo de la espalda. Sin cartera. Sin teléfono. Sin su nombre nuevo, que ya no significaba nada. Sin algo que la cubriera, excepto la distancia infinita entre donde estaba y donde pensó que iba a estar.

Un mes después, Gabriela se cayó en un pasillo mojado de un edificio que no sabía su nombre. El edificio, a través de sus abogados, le ofreció doscientos mil dólares para que el asunto no llegara a más.

Gabriela miró el cheque por mucho tiempo. Y por fin dijo "Nos vamos".

"¿A dónde?", preguntó Juanita, desde la cama del hospital, donde llevaba semanas desde que la diagnosticaron con una crisis severa de salud mental.

"A casa", dijo Gabriela.

"¿Cómo?" preguntó Juanita.

"Nos sacaron, sí, pero todavía hay tierra en Puerto Rico, aunque nosotros nos hayamos ido. La tierra no nos ha olvidado, aunque la hayamos despreciado al irnos."

Epílogo

Gabriela y Juanita volvieron a Puerto Rico. Compraron un pedazo de tierra en Utuado. Y Gabriela empezó su huerto. Cose. Espera la lluvia. Se sienta todos los días unos minutos al sol. Juanita poco a poco ha empezado a reconocer su nombre verdadero. El hueco que dejaron Luis y Fernando no se olvida, pero ellas han aprendido a vivir alrededor de su recuerdo, como las plantas alrededor de las piedras: crecen de todos modos, y a veces hasta más fuertes.

Y un día, ya cuando el jardín había florecido y dado fruto, Juanita le pregunta a su madre: "¿Por qué nos fuimos Mami?"

"La tierra era suficiente. Era más que suficiente: teníamos agua del cielo, sol bendecido, el fresco de la montaña, semillas más listas que los huracanes, animales que venían cuando los llamábamos, un abono que nos garantizaba el futuro. Era, en el sentido más amplio de la palabra, como ser libre. Así que, ¿por qué nos fuimos?"

"Nos fuimos porque alguien nos convenció de que no podíamos quedarnos", dijo Gabriela. "Alguien con dinero y con abogados; con planes y con proyectos de ley y con corredores de bienes raíces y con estudios de impacto económico redactados en un idioma que suena a progreso pero significa despojo. Alguien que necesitaba la tierra nuestra para poder llamar lo que hacen una ‘oportunidad’."

"Parecido a hoy, de hecho, cuando lo están tratando de hacer de nuevo. Leyes que proponen abrir lo que fue protegido. Vender lo que fue guardado. Entregar lo que era de todos - el agua, el monte, la costa, el suelo - a gente que no tiene ningún interés en nuestras vidas. Y nos dicen que es desarrollo. Que son empleos. Que es el progreso que tanto reclamamos. Igualito que la última vez", dijo Gabriela en voz baja. 

"Pero ojo, Juanita, que esta es la vida dándonos una lección que necesitábamos aprender. Ya hicimos migas con nuestros vecinos. Es una comunidad que no se vende porque sabe que lo que se vende se pierde, y que lo que se pierde no siempre se puede reemplazar. Esta vez, no nos vamos a olvidar de lo que importa. ¿Tú me entiendes, verdad?"


Monday, June 01, 2026

El suelo tembló. Aquí te ayudamos a volver a levantarte.

 






PlanetWise.app Newsletter, Junio 2026, Esp.


El suelo tembló. Aquí te ayudamos a volver a levantarte. 

La semana pasada, el Senado de Puerto Rico propuso dos piezas de legislación para "simplificar" nuestros procesos de desarrollo. La votación está prevista. El resultado, por desgracia, no está en duda.

En ellas, 72 leyes ambientales o de conservación quedan diluidas hasta la irrelevancia. En su mayoría, Leyes de Uso de Suelo que tardaron once años en redactarse. Leyes que protegían la Zona Marítima Terrestre - la franja de costa que nos pertenece a todos desde los tiempos de los Conquistadores. Leyes que preservan el 7% de nuestros bosques, cuando la norma es el 25% y las mejores medidas de conservación exigen el 50%. Todos los recursos naturales importantes están amenazados ahora. Nuestros manglares, que son los viveros del océano y el mejor escudo contra los huracanes que tienen nuestras costas; la región kárstica, que filtra el agua de lluvia que alimenta nuestros acuíferos; nuestras montañas interiores, que albergan cobre y otros minerales y que ahora estarán disponibles para la minería a cielo abierto. Las leyes que prohíben o penalizan las descargas tóxicas en el océano, los ríos y el aire, han sido reducidas a astillas.

132 meses de científicos, líderes comunitarios, abogados y ciudadanos de a pie que se presentaron reunión tras reunión porque creyeron que conservar, aunque fuera una pequeña parte de nuestras riquezas naturales, valía el esfuerzo y la incomodidad, y que nuestro patrimonio le pertenecía a todos, no solo a unos pocos. Una época en que todos nuestros periódicos discutían el análisis de costo-beneficio de mantener un porcentaje muy pequeño de nuestra tierra, aire y costa intactos ante el desarrollo, y de combatir el abuso que enriquece a algunos y enferma a otros, por el mismo pedazo de tierra.

Todo para hacerle espacio a inversionistas extranjeros que buscan poner su dinero fuera del mercado de valores volátil, ciego, e indiferente. Ventas que traerán dinero una sola vez, y que ni siquiera harán mella en la deuda que debemos.

Esto no es gentrificación. La gentrificación es un barrio pobre comprado poco a poco por una clase media que aspira a más. Lo que está ocurriendo aquí es de otra naturaleza completamente. Ciudades enteras arrasadas por multimillonarios en un año, en una isla donde el promedio de ingreso familiar es inferior a $20,000 al año. Por más dura que fue la colonización estadounidense, trajo beneficios simbólicos - infraestructura, atención médica, educación. Esto no trae nada de eso. Solo precios de vivienda tan altos que han dejado a 100,000 familias sin hogar. El gobierno no solo es corrupto. Está robando las únicas cosas de valor que nos quedan - ecológicamente, socialmente y económicamente. El gobierno nos está robando el futuro que nos debe.

Siento los cambios antes de leer los titulares. Lo siento cuando salgo de mi dormitorio con aire acondicionado y el resto de la casa es un horno. Lo siento cuando lleno el tanque del carro y apenas me queda para un sándwich en la deli. Compro comestibles que ahora están tan caros que solo puedo comprar la mitad de lo que compraba en abril. Lo siento cada vez que leo o escucho las noticias. La cantidad de caos que está ocurriendo en el mundo se siente como algo abusivo y deliberado - dirigido a mantener nuestra atención en las guerras y los genocidios detrás de los cuales se esconde una concentración obscena de riqueza en menos y menos manos. Cuando las familias no pueden alimentar a sus hijos, el tejido social comienza a desintegrarse. Si tú también lo estás sintiendo, no te lo estás imaginando. Y no estás solo.

Después de cinco decadas observando cómo los sistemas fallan y las comunidades sobreviven esas fallas, he aprendido que: Los que mejor salen adelante son los que son autosuficientes y están conectados a sus comunidades. Tienen destrezas y pueden arreglar lo que está roto en vez de reemplazarlo. Guardan suficiente efectivo fuera del sistema bancario para sobrevivir un mes si se va la luz. Tienen conocimientos que pueden ayudar a otros en momentos de necesidad, o intercambiarlos por materiales de trueque.

El alza en los precios no es un tropiezo momentáneo. El caos en Washington y en San Juan no es una fase pasajera. Este calor no es un verano temprano. Son señales de una transición difícil, y lo más importante que puedes hacer ahora mismo, hoy, es comenzar a construir una vida que funcione dentro de esa transición, en vez de esperar a que alguien te salve. Esa vida no va a volver.

Así que aquí te dejo la parte práctica.

Para la angustia económica: Deja de comprar cosas que no te alimente, no repare algo roto, o no te enseñe una destreza. Hazlo como estrategia. Cada dólar que no gastas en algo innecesario es un dólar que te compra un mes de independencia. Comienza un sobre con efectivo. Ponle el nombre PRESUPUESTO. Mete $100 cada semana y no lo toques. No te martirices si una semana no puedes. Solo sigue haciéndolo.

Para el calor climático: Tu cuerpo se aclimata más rápido de lo que crees, pero necesita electrolitos, no solo agua. Asi que, añade un poco de sal marina a tu agua o bebe agua de coco. Limita el café, las bebidas energéticas con mucha cafeína y el alcohol antes de salir, ya que aceleran la pérdida de líquidos. Ponte un paño húmedo en las muñecas o alrededor del cuello antes de salir - eso te refresca. Usa protector solar y considera usar un sombrero de ala ancha. Usa parasoles de ventana para evitar que el sol caliente el interior del carro. De hecho, ahora existen "paraguas para carros" que se instalan en el techo y dan sombra dondequiera que estaciones. Ten siempre un abanico de batería que se cargue con un panel solar del tamaño de un tablet. Lleva un abanico de mano para cuando no puedas recargar el abanico a tiempo. Lleva siempre una botella de agua reutilizable - de acero inoxidable - con agua fría.

Para el dolor político: Canalizalo. Cada ley que aprueba la legislatura y que nos arrebata algo del bien común es un recordatorio de que la comunidad es la única manera de combatir este abuso, si la construyes ahora, antes de que la nueva realidad se afinque. Lucha por tus derechos y por el derecho de la naturaleza a existir en todo su biodiversidad. Comprométete políticamente con lo que sabemos que es irremplazable y está siendo amenazado ahora. Empieza conscientemente a hacer todo lo posible para no traer plásticos a tu hogar, y asegúrate de compostar todos los desperdicios de comida. Esa es una de las acciones políticas más poderosas que puedes tomar.

Para el karso, los manglares, los ríos, los océanos, los cielos, las aves y los animales: Estúdialos. Visítalos. Aprende sus nombres. Ámalos. Enséñaselos a tus hijos o nietos. Lucha por ellos. Conserva sus hábitats. Sálvalos. 

Lo que tiene nombre es más difícil de borrar del mapa. Lo que es amado por personas dispuestas a defenderlo es casi imposible de robar.

Por eso exactamente construí PlanetWise.app. Como respuesta a toda una vida de ver repetirse este patrón - cada vez con menos vida, más daño, más leyes ciegas, la comunidad atrapada en impotencia, la larga y dolorosa guerra de desgaste, y la próxima ley que inevitablemente reabre la herida.

El mundo que esperábamos ya no existe. Construyamos uno en el que valga la pena vivir.

Ven y pruebalo, que vale la pena. PlanetWise.app .

Monica Pérez Nevarez Fundadora, PlanetWise.app

AskmeAnything@PlanetWise.app

Newsletter, Junio 2026, Esp.

P.D. Si algo de esto te hizo sentido - reenvíalo a las personas que amas. Para ellas es que estamos construyendo esto.

#PlanetWiseApp #Resiliencia #Sostenibilidad #Sostenible #ComoGanar






The Ground Has Shifted. Here's How to Stand Back Up.

PLANETWISE.APP - JUNE 2026 NEWSLETTER 

Last week, the Puerto Rico Senate proposed two pieces of legislation to "simplify" our development processes. The vote is expected. The outcome, unfortunately, is not in doubt. 

In it, 72 laws are diluted to irrelevance. Most of the Land Use Laws that took eleven years to write. Laws that protected the Zona Marítima Terrestre - the strip of coast that belongs to all of us since the Conquistadors. Laws that preserve 7% of our forests, when the norm is 25% and the best conservation measures require 50%. All important natural resources are threatened now. Our mangroves, which are the ocean's nurseries and the best buffer against hurricanes our coasts have; the karst region, which filters the rainwater that feeds our aquifers; our interior mountains which hold copper and other mineral deposits and will now be available for strip mining or open-pit mining. The laws that outlawed or penalized toxic discharges in the ocean, the rivers, and the air, are now cut up for kindling. 

132 months of scientists, community leaders, lawyers, and ordinary people who showed up to meeting after meeting because they believed that to conserve, even a small little bit of our natural riches, was worth the effort and inconvenience, and that our patrimony belonged to everyone, not just a few. A time when all our newspapers discussed the cost benefit analysis of keeping a very small percentage of our land, air, and coast untouched by development, and fighting the abuse that made some wealthy and others sick, over the same parcel of land. All to make room for foreign investors seeking to invest outside the now volatile, blind, and unfeeling stock market. Sales that will bring in money one time only, and which will not even make a dent in the debt we owe. 

This is not gentrification. Gentrification is a poor neighborhood bought out piecemeal by a moving-up middle class in a decade. What is happening here is on another level entirely. Whole cities overrun by millionaires in one year, in a land where median household income is under $20,000 a year. As harsh as US colonization was, it came with token benefits - infrastructure, medical care, education. This brings none of that. Only housing prices that have made 100,000 households homeless. The government is not just corrupt. It is stealing the only things we have left of value - ecologically, socially, economically. It is actively stealing the future it owes us. 

I feel the changes before I read the headlines. I feel it when I walk out of my air-conditioned bedroom and the rest of my house is an oven. I feel it when I fill up the tank of my car and there's little left for sandwich at the Deli. I buy groceries that are now so expensive I can only buy half of what I used to buy last April. I feel it every time I read or hear the news. The sheer amount of chaos happening around the world feels abusive and deliberate - and aimed at focusing our attention elsewhere as an obscene amount of wealth concentration takes place. When families cannot feed their children, the social fabric starts to disintegrate. If you are feeling it too, and you are not alone. 

Here is what I know after fifty years of watching systems fail and communities survive the failures: The people who come through it best are the ones who are self-sufficient and connected to their communities. They have skills and they can fix what is broken instead of replacing it. They keep enough cash outside the banking system to survive for a month if the power goes out. They have knowledge that can either help others in need, or be exchanged for bartering materials. Rising prices are not a blip. The chaos in Washington and in San Juan is not a phase. The heat is not a bad summer. These are the early signs of a hard transition, and the single most important thing you can do right now, today, is start building a life that works inside that transition instead of waiting for the old one to come back. That old life is not coming back. 

So here is the practical part. 

For money anxiety: Stop buying anything that doesn't feed you, fix something, or build a skill. As a strategy. Every dollar you don't spend on something forgettable is a dollar that buys you a month of independence. Start a cash envelope. Label it FLOOR. Put $100 in it every week and don't touch it. Don’t beat yourself up if you can’t do it for one week. Just don’t stop doing it. 

For climate heat: Your body acclimates faster than you think, but it needs electrolytes, not just water. Add some sea salt to your water or drink coconut water. Limit coffee, highly caffeinated energy drinks, and alcohol before heading out, as they accelerate fluid loss. Put a wet cloth on your wrists or around your neck when you go outside - it cools you down. Use sunscreen and consider wearing a wide-brimmed hat. Use sunshades to stop the sun from heating the inside of your car. In fact, there are now "car umbrellas" that you can install on your car roof that will shade the car wherever you park. Always have a battery-powered fan that charges from a solar panel the size of a tablet. Carry a hand fan, if you don't have a battery-powered fan. Always carry a reusable water bottle - insulated or stainless steel - with cold water in it. 

For political grief: Channel it. Every law the legislature passes that takes something away from the common wealth is a reminder that community is the only way to fight this abuse, if you build it now, before the new reality becomes entrenched. And fight for your rights and the rights of nature to exist in all its biodiverse splendor, right now. Step up politically for the things we know are irreplaceable and are currently being threatened. Begin consciously doing as much as you can to not bring plastics into your home, and make sure you compost all food wastes. That is one of the strongest political actions you can take. 

For the karst, the mangroves, the rivers, the oceans, the skies and all the birds and animals that live in them: Study them. Visit them. Learn their names. Love them. Teach them to your children and grandchildren. Fight for them. Save them.

What is named is harder to erase. 

What is loved by people who will fight for it is almost impossible to steal. 

This is exactly why I built PlanetWise.app. As a response to fifty years of watching this pattern repeat - each time having less and less life, more and more damage, more and more blind laws, the community caught in a vise of powerlessness, the long painful war of attrition, and the next law that inevitably reopened the wound. 

With PlanetWise.app you can become stronger so the next thing that happens hurts you less. And the thing after that, less still. The first level of PlanetWise.app is always free. Come try it. This is the most defiant, most practical, most loving thing you can do for yourself and for the people and pets who depend on you. 

The world we planned for no longer exists. Let's build one worth living in. 

Monica Pérez Nevarez Founder, PlanetWise.app 
AskMeAnything@PlanetWise.app 

P.S. If this makes sense to you, do me a favor and forward it to the people you love. That's who we're building this for.